Nombre del Proyecto

Pulso

  • Este proyecto fue comisionado por Proyecto Líquido: Deseo

  • Curadora

    Jessica Berlanga

Información del Proyecto

Pulso fue una acción sonora colectiva realizada en octubre de 2016 por 195 mujeres y  195 tambores, de manera simultánea, en todas las estaciones del metro de la Ciudad de México.

Los tambores prehispánicos que se utilizaron, aluden al sonido de los canales que existían en la ciudad en esa época. Durante esta acción, las mujeres se movieron en grupos a lo largo del metro, marcando su pulso al ritmo de los tambores.

Este instrumento era utilizado por los habitantes del Valle de México: el teponaztli para ceremonias rituales. Un instrumento de este tipo produce sonidos que refieren al líquido o flujo, y estaba prohibido para las mujeres porque se pensaba que era una representación del órgano femenino.

Este performance se realizó como una acción sonora colaborativa exclusivamente de mujeres, como una forma de empoderamiento y respuesta a esas creencias. Pulso, fue una acción planeada para ser grabada y editada para convertirse en un reclamo continuo, como un efecto de sonido que ocurre con la misma fuerza una y otra vez.

 

 

Pulso, Tania Candiani, 2016. Proyecto Líquido . Deseo.

 Brevísima crónica de un pulso…que aún resuena.

 La invitación a Tania Candiani, dadas sus investigaciones previas, fue a explorar lo subterráneo de la Ciudad de México, lo oculto profundo, lo líquido pues la Cuenca es eso, una hidrografía intensa y extensa. Al sobreponer dos mapas impresos en papel albanene , uno del antiguo lago y otro del metro de nuestra ciudad, emergió la propuesta de Tania: el agua como el pulso de lo antiguo y lo contemporáneo; flujo y tránsito. Una acción sonora para el Metro de la Ciudad de México, pensado como una red de canales de comunicación y en los ríos subterráneos de la Cuenca como otro network de circulación y recorrido. Sobreponer, como en los mapas, un tiempo presente y un pasado, ambos marcando un ritmo de ciudad no siempre traído a nuestras conciencias.

En las investigaciones sobre las posibilidades sonoras que emprendió Tania Candiani, apareció el teponaztli, un tambor prehispánico utilizado para ceremonias por los pobladores del Valle de México, principalmente por los mexicas. Dicho instrumento, tocado hoy en día aún, produce sonidos que remiten a lo líquido, a un flujo. Tocado solamente por hombres, encontramos que el teponaztli representaba la unión del intelecto con la sensualidad. De la elucidación y la revelación. Fue el medio  para abarcar al hombre y al mundo a través del ritmo.

¿Cómo traer a lo contemporáneo estas características del teponaztli como caja de resonancias? Expandiendo sus significados y abstrayendo sus usos y el entendimiento del género en las culturas antiguas. Fue así que la propuesta se consolidó para que 195 mujeres distribuidas en 12 grupos cada una tocara un teponaztli, y 12 mujeres líderes de cada grupo, marcando las pautas de un ritmo ancestral con un tambor tarahumara, como golpes de advertencia y presencia.

“Hemos estado explorando las posibilidades sonoras del teponaztli para conseguir ritmos que nos remitan a la respiración, al flujo, a la espera, a la contención y al grito. También hemos recorrido las líneas del Metro y encontrado las rutas que transitaremos para llevar este sonido por algunos túneles cuya arquitectura y acústica son muy especiales como Candelaria, San Lázaro, Instituto del Petróleo…”

Las capas de significado fueron integrándose hasta componer un ritual colectivo sonoro llamado Pulso, que se manifestó, el domingo 23 de octubre de 2016, como una advertencia, un llamado, un grito. Como un latido simultáneo de más de 200 mujeres reverberando. Fue una movilización en donde hubo reclamo. Las historias de cada mujer dieron esta característica a la pieza. Historias de vidas complejas y bellas, con la necesidad de hacerse presentes a través de los ritmos que generarían un nuevo sistema de circulación efímera pero contundente, en los cuerpos y en el espacio público del Metro. El ritual como performance.

“Cada una haremos una reverberación de este latido juntas. Es un flujo de fuerzas en donde permitimos que el cuerpo se convierta en tiempo y acción, para generar un código rítmico y conseguir la transmisión fiel de información ancestral y su integración con el presente. El instrumento tiene dos hendiduras. El Metro es una hendidura-herida en la ciudad. El ritual funciona como incisión e irrupción.  Es infiltración. Saturaremos de sonido y color.”. Se fue marcando así un itinerario entre la superficie y lo subterráneo, un viaje de ascenso y descenso que sondea esos límites entre vida y muerte, esas energías de afectividad pura que impregnaron lo hondo de la Ciudad, una que ha sido húmeda e insondable.

Jessica Berlanga

Curadora

                                  

Pulso

 

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