Nombre del Proyecto

El sonido de la labor

  • Curadora

    Ibis Hernández Abascal

  • Sede

    XIII Bienal de la Habana, Cuba

Información del Proyecto

El sonido de la labor se compone de cuatro piezas que podrían funcionar con relativa autonomía, pero alcanzan su más elevada dimensión poético-simbólica en la condición de obra única.

Este proyecto muestra la interrelación entre las artes visuales y los elementos sónicos asociados al universo del trabajo.

Del sonido de la labor. Cantos de trabajo

 

Las tonadas trinitarias son una modalidad única dentro de las complejas manifestaciones musicales afrocubanas; exclusivas de la ciudad de Trinidad, en la provincia de Sancti Spiritu, son producto del encuentro entre la tradición guajira, las prácticas musicales derivadas del Bantú y los giros melódicos provenientes de España. Entre las estrofas y melodías que se conservan a través de los veteranos portadores, existen algunas que se identifican como canciones de trabajo en los campos de caña.

Es precisamente este repertorio en el que se basa este capítulo del proyecto conformado por una video-instalación y una acción en vivo.

Filmado en el Valle de los Ingenios, y con la voz como protagonista, la pieza transita por los paisajes que alguna vez fueron plantaciones de caña de azúcar sustentadas por el trabajo de los esclavos. La torre vigía, las ruinas de las barracas, la finca del hacendado son escenarios para esta acción sonora que apela a la memoria.

Durante la acción en vivo, la agrupación coral Tonadas Trinitarias en colaboración con un coro lírico, interpretaron cinco tonadas en el lobby de la Residencia Estudiantil Galbán Lobo, cuyos muros están cubiertos con pinturas murales en donde se retrata la dura labor de la siembra, la cosecha, la industrialización y la comercialización de la caña de azúcar. La primera tonada, cantada en la puerta de la casona, comienza diciendo “Yo le pido a su Merced que me deje cantar, que me deje cantar, que me deje cantar” ...

Del sonido de la labor. Cantos de trabajo, 2019.

 

 

Del sonido de la labor. La lectora

 

La lectura en las tabaquerías se introdujo en La Habana a mediados del siglo XIX. La iniciativa llevó la lectura a las fábricas con el objetivo de aliviar las largas y aburridas jornadas de los torcedores de tabaco. Resultó que estos conocimientos fueron dejando un poso ideológico y convirtieron al sector tabaquero en un colectivo aguerrido y proclive a las ideas de la independencia.

Esta pieza parte de la idea de trasplantar el oficio del lector de tabaquería a otro contexto laboral: el del taller de confección.

Ubicado en el corazón del centro de la Habana en una casona a nivel de calle, el centro de desarrollo artesanal Quitrín, concebido desde sus inicios como un proyecto comunitario con el fin de capacitar y rescatar las artes tradicionales de la confección, fue fundado por Vilma Espín quien emprendió grandes batallas por la emancipación de la mujer. Es en este lugar en el que cada día, en dos jornadas laborales, se leerán en voz alta una selección de textos feministas y literatura escrita por mujeres para acompañar el trabajo de las costureras en el taller.

Del sonido de la labor. La lectora, 2019. Acción. El Quitrín. La Habana, Cuba

Del sonido de la labor. Uno nunca ve lo que se ha hecho sino que ve lo que queda por hacer

 

El encaje de bolillos es una técnica de encaje textil que consiste en entretejer hilos que inicialmente están enrollados en bobinas, llamadas bolillos, para manejarlos mejor. A medida que progresa el trabajo, el tejido se sujeta mediante alfileres clavados en una almohadilla, que se llama “mundillo". El golpeteo producido por los bolillos durante el proceso crea un sonido constante, de ritmo y precisión. Este tipo de bordado tuvo su apogeo entre los siglos XVI y XVIII, y ha estado en riesgo de desaparecer desde la mecanización del trabajo textil que dejó sin trabajo a los artesanos casi completamente.

En Cuba ya son pocos los artesanos que perseveran en el cuidado de esta técnica ancestral y luchan por encontrar discípulos interesados en aprenderla. Las nuevas generaciones parecen no estar interesadas en este tipo de labores. Mantener viva esta tradición es una labor de resistencia.

En esta pieza de proceso, la tejedora Adriana Martínez Silva sustituye las escasas bobinas de madera por cientos de lápices para poder trabajar en un encaje a gran escala con el sistema de bolillo; la frase que quedará bordada una vez que la pieza sea terminada alude a un tipo de labor relacionado con el cuidado: “La abuela que cuida al hijo de la madre que migró para cuidar a la hija de la madre que salió a trabajar, está cansada”.

La pieza visibiliza el proceso y el tiempo de trabajo, la factura meticulosa y su sonido, como una acción poética en construcción.

Del sonido de la labor. Uno nunca ve lo que se ha hecho sino que ve lo que queda por hacer, 2019. Acción en proceso. Casa Simón Bolivar. La Habana, Cuba.

 

 

Como una sonata total en sus diferentes movimientos, El sonido de la labor integra en su estructura cuatro piezas que, si bien podrían funcionar con relativa autonomía, alcanzan su más elevada dimensión poético-simbólica en la condición de obra única. Aquí, Candiani insiste en esa particular orientación de su quehacer artístico, que fragua como resultado de una acertada pesquisa en torno a las posibilidades de encuentro e interrelación entre las artes visuales y los elementos sónicos asociados al universo del trabajo.
Del mismo modo que han constituido motivación y materia prima para la producción de obras anteriores el sonido de la molienda de la grana cochinilla, el perifoneo del vendedor, o la magia y pericia desplegadas para conversión de un telar en instrumento musical, en esta oportunidad sirven de fuente de inspiración a la artista los cantos entonados por los esclavos en las plantaciones cañeras de la región de Trinidad, el oficio de lector de tabaquería –proclamado Patrimonio Cultural de la Nación Cubana– y el discreto repiquetear de los bolillos utilizados por nuestras artesanas en el tejido manual, en esta ocasión, sustituidos por lápices.

Considerado en toda su extensión, el proyecto revela múltiples propósitos y camadas de significado. Conceder distinción a las tradiciones de un territorio en sus particularidades y desplazarlas hacia los dominios de lo contemporáneo –ya sea a través de las prácticas colaborativas e interdisciplinarias, de la inserción del espíritu performático en sus dinámicas, o de su reelaboración en el lenguaje audiovisual-, no bastarían para otorgar el grado de contundencia estética e intelectual que alcanza esta obra en su conjunto. Y es que Candiani tiene la habilidad de ponderar la tradición y al mismo tiempo perturbarla, de contaminarla con temas y reflexiones de interés actual. Así, por ejemplo, atrapa en el encaje de bolillo más delicado, contenidos de la agenda feminista relativos a las cadenas de cuidado y a las mujeres migrantes, o nutre con textos asociados a problemáticas de la condición femenina, el repertorio literario escogido para ser escuchado en la voz de una lectora por un auditorio de costureras –ya no de torcedores- mientras laboran en su taller.

De igual modo, y manteniendo como punto de enlace el sonido de la labor, vuelve su mirada hacia la historia de la Isla en la etapa colonial e insiste en rememorar los cantos provenientes de los barracones y campos de caña; tonadas estas que alguna vez fueron escuchadas allí, donde la sangre y el sudor esclavos produjeron la sustanciosa plusvalía que afianzó el poder de la “sacarocracia” cubana, empeñada en levantar “castillos de azúcar sobre los suelos quemados de Cuba”, como bien expresara el escritor uruguayo Eduardo Galeano.

Siendo esta una nota previa a la presentación de esta obra, apelo a la sensibilidad y al apoyo imprescindible de todos los involucrados para que El sonido de la labor llegue a escucharse en toda su dimensión. ¡Que así sea!

Ibis Hernández Abascal
Curadora

 

El sonido de la labor_Tania Candiani_Bienal de la Habana

 

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